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Olvido fallido

  Pasee por las calles, todas las dudas en el aire y al final… Este relato. Para olvidarla, quise beberme la música a la que me recordaba. En los bares que cierran tarde, las guitarras suenan durante horas por músicos estudiantes/ obreros que sepultan allí su tiempo. Donde corre la cerveza y los corazones están sedientos por encontrar compañía, para compartir penas y sacar lágrimas, sí. De risa. Para acabar en un colchón tirado o en un portal llorando. Allí agarrado a una botella con el ambiente cargado, saqué mi papel, los acordes de fondo me ayudaban a escribir o componer mis penas que son muchas, más que ayer. Ordené mis pensamientos… Me costó tinta e imaginación, cada trazo de una letra dibujaba sin querer su cara. Que despiste el mío, que desgracia. Lo conseguí, dejé de dibujarla. ¿Durará?   Hasta volver a verla.   Es un huracán que entra por la puerta, arrasa y descoloca. Sentía cada mañana que sus mentiras me hacían feliz y yo infeliz, caí. Al...

Mi cabeza

 Mi cabeza analiza lo que escuchan mis orejas. Es indomable, como un caballo salvaje Criado por llanuras, valles, Manantiales y lagunas. Donde trota sin importarle A qué hora sale la luna. Sin obedecer a ese patrón. Que le dicta y le grita hasta quedarse sin voz. O le zurra con fusta, Hasta que queda sometido. Por cojones y a dolor.   Es tierna mi cabeza. Analiza cualquier belleza Mas por dentro que por fuera. Hace sonreír a mi boca. Al corazón lo hace tan blando Que parece gominola.   Es furiosa mi cabeza. Ante la injusticia de la iglesia. Que viola con mano dura. ¡Putos curas! Leyes y niños, en eucaristías. Aquella que llegando mayo Aclama a un tal Franco. Aquel caudillo divino Que siendo un asesino. Le llevaban bajo  palio. La dejó adoctrinar Si saber que había más allá Del cristianismo y la fe. De su tan buen hacer.     Es humilde mi cabeza. Cuando ve lo que le rodea Lo que ha vivido Y piensa. Para que quiere riqueza Teniendo salud y vivencias. Ten...

Revolución

  Tengo ganas de resurgir, De sembrar esperanza y libertad. De que venga la revolución y vivir.   Valgo lo que tengo, dos pies y dos brazos. Unas manos que visten callos. Dolores en mi espalda, Por un trabajo y un salario. De horas de explotación y cansancio.   Ven.   Ya que te estimo, amiga a dar abrazos. Junta mi fuerza y mi ánimo. Ven ya junto a los míos. Ven ya ¡revolución! a liberarnos. De las garras del sistema capitalista y sectario. Quédate con nosotros los obreros precarios Los que te queremos en nuestros pueblos y barrios. Que lucen orgullosos tu nombre. En trapos por los balcones. En las fachadas de iglesias y parques. Ven como al pasado de unión y lucha. Contra la represión e injusticia fascista. Ven a mejorar la vida presente, De la gente más humilde. Ven ya revolución, arrasa. Con fuerza, valentía y ansia. Abre la mente al hombre, Empodera a las mujeres, ¡Lucha! Ven ya revolución y arrasa. Con fu...

Historia de tres

  El amor se fue con la tormenta de verano, arrasó mi corazón y la entrepierna la dejó con ganas   la más bella y querida dama, que jugaba a ser la sal en la herida, a ser la alegría y la cerveza fría a ser como no la estrella en las noches cerradas por nubarrones que se adueñan del cielo y consigue salir de entre ellos. Era nerviosa, insegura, le gustaba el fuego en los besos con sabor a algo que extrañaba. A mí me gustaba ella, acostumbrado a enamorarme de causas como la mía, perdida. Acostumbrado a ganar poco y perder y dejarme el tipo por luchar, acostumbrado a sufrir, a querer, y a tardar en   olvidar.   Suelto muchos versos, chascarrillos que se van como el agua que vino, con el viento, y dejan asentada una gota de humanidad en la desembocadura de un corazón que cree estar a la deriva cual barco que navega en una dirección perdida, pero firme sin perder la calma, ni el control. Creyendo que no necesita quien capitanee el timón.   He ido a ver l...

Vida e historia

  La vida… una tele encendida. Mentiras a diario. Cerveza fría, calles sin vida.  El boli y el paquete de tabaco. Una voz ronca, una pesadilla. Una chica que me gusta. Un día con frío. Una guitarra en silencio. El sueño de vivir…  En busca de un trabajo.  Una noche de tormenta, Me recuerda… A unos besos de pueblo. A una canción triste en directo.  Vasos rotos en el suelo. Muchas almas En busca de consuelo.   La vida pasa y voy muriendo. Sobrepeso y diabetes. Cervezas a raudales. Por aquí no anda el sueño. Quedó en unos muelles. Con la primera chica. Con la misma cerveza. Fidelidad muy distinta. Borracheras nocturnas. Malos versos y risas. La destrucción y muerte.  A paso de procesiones.  Dañado nuestro ser. Dañado nuestro entorno. Gustos que cambian.  Amigos con ellos. Del sistema borregos.  Herejes sometidos. Mano de obra barata. No ganaron nuestras ideas. Ni los que murieron por ellas. Sin vergüenza y con orgullo Defendieron su patria....

Liviano de equipaje.

  De pensar que no tengo nada.  No me lavo ni la cara.  Vocabulario de calle.  Tardes en la plaza.  Mis cabellos peinan canas.  Las lágrimas no son de alegría.  La mínima charla me parece vana.  Unos ideales muertos.  La soledad frente a una pantalla.  ¡Salgo al balcón y miro!  Las estrellas no me dicen nada.  La tele aburre y miente.  No hay prensa independiente.  Largas noches en vela: coche, dinero y casa.  La suerte no me acompaña. Y al final de la vida una mujer y su guadaña.  Esa que llaman muerte o parca.  Las horas que se pasan.   Todos se miran, nadie habla.  Los pájaros de mi cabeza anidan ahora  en las montañas.  Después de un largo tiempo, una caja de madera, un recuerdo en una foto.  Una lágrima de alguien a quién sí importaba.  Sorpresa para algunos.  Viaje a donde nadie sabe.  Dando patadas por las calles después de una noche de bares. Alegría ...

Salvaje capitalismo

  De la vida he sacado vergüenza en lo personal.  Coraza y nervio. Me hago pensar.  Enseñan filosofía con boli y discurso.  Filósofo descalzo De un loco mudo.  Un poeta de nervio, bar y acera.  Mi filosofía la vida pasada.  Volver a labrar el barbecho de mi conciencia.  Que arrasada fue como sierra incendiada. Que crezca en ella la sabiduría, con las cenizas de la incultura.  No me hace falta jaula de metal para sentirme preso.   Somos un motor que no tiene correas.  Carburante de quien nos paga, quien nos manda o nos gobierna.  Teniendo cuatro perras el resto no interesa y seguimos siendo un motor movido por otra correa.  La misma que mueve el mundo, que no nos deja pensar y nos hace ser presos sin futuro, sin la vida que queremos.  Culpable de todo ello mercado y dinero.  Gastando nuestro tiempo en pagar deudas, errores, delirios y caprichos.